Perder, otra forma de GANAR

Perder, otra forma de GANAR

Hay muchas respuestas al porqué pensamos que perdemos… una de ellas está en la infancia.

Por lo menos a mi generación, nos enseñaron a fijarnos mucho en que nuestras calificaciones sean perfectas, los trabajos impecables, cumplimos con las exigencias de nuestros padres y maestros – les hablo sin experiencia de lo que pasa actualmente con los hijos, porque no tengo – pero sí estoy segura de no ha cambiado mucho la forma, por lo menos en América Latina.

Vamos luchando contra nosotros mismos por ganar, por conseguir un nuevo empleo mejor pagado, por hacer la mejor presentación de nuestras vidas al comité directivo de la empresa, a nuestro jefe, por sacar todas las cosas a tiempo, etc. porque claro, esto es un tema aprendido en la infancia.

Y, en lugar de disfrutar “el viaje” para conseguir este GANAR, nos enfocamos solamente en la meta y cuando fracasamos nos sentimos mal, culpables por no haber estudiado, frustrados por no sacar 10, enojados por equivocarnos, o por no haber recibido ese feedback positivo que esperábamos.

Así que aquí estoy hoy día para recordarles que “a veces se gana y a veces se aprende”.

No hay un solo ser humano que haya pasado por la vida sin conocer la derrota. De hecho, muchas de las grandes hazañas de la humanidad están precedidas por desaciertos, hasta que se convierten en un triunfo contundente. Piensen en Cristóbal Colón cuando fue a pedir dinero para su primer viaje hacia las Indias, que al final terminó siendo a América, los reyes de España se lo negaron.

Para ponerles un caso cercano, miren a Apple, el gran Steve Jobs fue despedido de su propia empresa antes de volver para crear el gran cambio de la tecnología, que influyó en la vida de TODOS los seres humanos…. ¡Hay un sin número de ejemplos iguales!
Precisamente lo que hace tan dulce el sabor del triunfo es la dificultad que implica. Nadie saborea un éxito que llega a sus manos sin luchar por él.

Entonces, vamos a hablar de cuando se gana, y para esto podemos pensar en los deportistas que dicen que: “En los entrenamientos se ganan las medallas. En las competencias se recogen”.

La frase no puede ser más cierta. Lo que garantiza el triunfo es el trabajo previo a la ganancia… el trabajo sobre uno mismo, la preparación, el esfuerzo que supone desarrollar todo un proceso en el que paulatinamente uno va rompiendo sus propias marcas.

Ganar es un resultado para aquellos que son capaces de proponerse una meta, luchar sin descanso por ella y trabajar una y otra vez sobre sus propias fallas y vacíos, para hacerse dignos del triunfo.

La mentalidad del triunfador se caracteriza porque el esfuerzo y el trabajo ocupan un lugar primordial. Quien ya ha ganado y conseguido sus metas, sabe que son producto, principalmente, de la perseverancia.

Se gana primero en la lucha con uno mismo para definir las metas, para confiar en lo que se es capaz de hacer, para construir una decisión suficientemente resistente a las eventualidades y para mantenerse firme, a pesar de las vicisitudes. Cuando esto se consigue, lo demás es ir “a recoger las medallas”.

No existe una receta para el triunfo, pero sí se pueden definir las características del triunfador:

  • Fe en su propio trabajo.
  • Una gran capacidad para ser autocrítico, de una manera sana.
  • Capacidad suficiente para valorar objetivamente sus aciertos y errores.

Y, a veces se aprende… volvamos al párrafo del comienzo, cómo sería bueno enseñarles a los hijos a que no importa si una vez u otra sacan una mala nota, o si no consiguen ganar el partido de fútbol, o aquella competencia de tenis con la mejor amiga… y a su vez nos sentamos con ellos a pensar en lo que habrían hecho mejor antes de que el resultado fuera “una pérdida”.

Igualmente en nuestros empleos, cuando uno de nuestros colaboradores no logró los objetivos del mes, o no alcanzó los resultados que esperabas con el proyecto que le encargaste. Qué sacamos con sentarnos con esta persona a analizar el por qué no consiguió el resultado esperado. Sería mejor si nos ponemos a revisar, lo que puede hacer mejor para la próxima vez – cabe aquí la palabra “feedforward”.

Perder es una palabra relativa. Relativa porque siempre depende de los sentimientos, emociones y actitudes que origine en quien experimente la imposibilidad de conseguir un objetivo, en un momento determinado. Solo es pérdida, si trae consigo un sentimiento de derrota.

Si, en cambio, el no lograr un objetivo se convierte en una fuente de reflexión y de aprendizaje, no podemos hablar de derrota como tal. Ese aprendizaje es un replanteamiento de las razones por las que no fue posible alcanzar el triunfo, e incluso una revisión de la meta misma. A veces la pérdida es una señal de que estamos en el camino equivocado, en pos de un propósito que quizás no es lo que más nos conviene – en determinado momento.

Para quien tiene una mentalidad triunfadora, lo que hay, son situaciones en las que logra lo que se propuso y otras en las que tiene la posibilidad de aprender algo que no sabía.

Es importante sacar de nuestro cerebro esa idea errónea de que perder es malo, al contrario, es algo bueno, porque si lo reflexionamos, tal experiencia nos ha dejado un aprendizaje. Es una oportunidad que se nos presenta para mejorar.

Debemos darle un giro positivo, aprender de nuestro error para cuando lo intentemos de nuevo, podamos llevarlo a cabo de una mejor manera y cumplir con nuestras expectativas.

¿Cuántas veces ya has aprendido de tus pérdidas?, ¿qué has aprendido de tus derrotas en el trabajo? déjanos tus comentarios aquí.

Texto adaptado de: La Mente es Maravillosa y del autor John Maxwell

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